domingo, 8 de marzo de 2026

Dices

Dices es, de todos los poemarios que he publicado —más de una veintena—, mi libro más reeditado, lo que no significa que haya dejado de ser inédito. Se publicó por primera vez en un libro colectivo, Libro Libre, en Arola Editors, de Tarragona, en junio de 2013, junto a poemas de mis buenos amigos Ramón García Mateos, Juan López-Carrillo y Alfredo Gavín, además de Vicente Llorente, un poeta alicantino al que no conocía, pero que bastaba que fuese amigo de mis amigos para que lo fuese también mío. No sé qué suerte corrió aquel volumen, si soy sincero, pero me imagino que no fue muy diferente de la que corren casi todos los libros de versos que publican las pequeñas editoriales de provincias. Recibió una sola y fugaz reseña, en un periódico de Tarragona. El escaso o nulo eco que tuvo Libro Libre no empañó el placer que me había procurado elaborarlo con mis amigos, lo que fue motivo de no pocas reuniones en las que prevalecía el cotilleo literario, la comida sabrosa y el buen humor. Y con eso, al final, nos quedamos todos, además de con el puñado de ejemplares de cortesía que tuvo a bien regalarnos la editorial.

Dices volvió a publicarse en junio de 2014, bajo el sello de una editorial barcelonesa aún más pequeña que Arola Editors, Libros En Su Tinta, fundada por otro buen amigo, Andreu Navarra, cuya andadura, lastrada por todos los lastres del mercado literario y algunos más, no sobrevivió a unos pocos títulos. Aquella benemérita edición solo constaba de cien ejemplares —numerados y con ISBN, eso sí—, que supongo únicamente circularían entre unas pocas manos de amigos y allegados. Y, de nuevo, el libro no cosechó sino una reseña, del poeta Rafael Mammos, en la ya desaparecida pero siempre añorada Cuadernos del Matemático, aunque no lo era stricto sensu, sino el texto reconvertido, transubstanciado, de la presentación del volumen, que había corrido a su cargo en una pequeña librería barcelonesa, y que ahora se incluye como epilogo de esta edición. Pese a la infinita modestia de la edición de Libros en Su Tinta, la recuerdo (y la conservo) con cariño y algun regocijo: su cubierta, por otra parte desolada, contenía un recuadro con la barbilla y una sonrisa del expresidente José María Aznar —a quien tanto echamos de menos—, sobre la que se aún desplegaba el heroico, el inmarcesible bigote que entonces lo caracterizaba.

Dices aparece publicado también en La voz de la herida, el segundo tomo de Ser de incertidumbre. 1994-2023, mi poesía reunida, publicada en tres volúmenes, en 2024, por la editorial Dilema, de Madrid. En este caso, la relativa brevedad del poemario, comparada con la extensión habitual de mis libros, mucho mayor, hace que se difumine en el océano de páginas que es Ser de incertidumbre y que, de nuevo, apenas se distinga en el inacabable flujo de palabras en el que todos —y, más culpablemente, yo— navegamos.

Dices, en fin, se publica ahora —por cuarta vez, pues— acogiéndose a la proverbial hospitalidad de otro gran amigo, Juan Luis Calbarro, que, contra los dictados de la sensatez, se empeña en iluminar todos los rincones, aun los más sombríos, de mi obra poética. Para esta edición en Los Papeles de Brighton, donde tantos títulos míos se recogen ya, he actualizado las citas ajenas que jalonan el texto, incorporando otras, más recientes, que los lectores puedan reconocer. Tanto el editor como yo hemos coincidido en que era muy probable que nadie se acordara ya de quiénes fueron José Ramón Bauzá, Leire Pajín, Araceli López o Juan Antonio Chicharro Ortega, y que convenía substituir sus opiniones por otras menos alejadas en el tiempo. Estos fragmentos se han eliminado del cuerpo del poemario para dar cabida a nuevos dislates, pero los lectores pueden seguir disfrutando de ellos en el anexo donde los hemos alojado.

Y ojalá sea en esta ocasión cuando Dices, tantas veces editado, deje de estar inédito.  

Reproduzco un fragmento del libro:

(...) Dices lo que la boca no ve. Dices cuando la boca no está. Lo que dices muerde.

Pero también se extiende como una membrana que abarcase lo que deseas y lo que aborreces. La mucosa amortaja a quienes te atienden con solicitud. Las encías espolean a los socavados por la indiferencia. Las amígdalas depositan su jugo en los excrementos de los desconocidos.

Dices para omitir, y creces en la omisión.

Todas las turbulencias de lo pronunciado, Eduardo, sirven a tu propósito: desposeer de lucidez a quien te escucha, abrumarlo de insapiencia, obligarlo a amarte. Tus palabras te ensalzan, pero tu edificio arraiga en la arena. La boca es arena. Lo que dices se mueve en la arena como un artrópodo que eludiese los rigores del simún.

La guerra civil la provocó el Partido Socialista Obrero Español.
SANTIAGO ABASCAL CONDE, presidente de Vox

Lengua adhesiva, Eduardo, con la que recoges el sudor de los intestinos, la pestilencia de tus esperanzas, el descuartizamiento de lo que te acucia, compuesto por claridades nocturnas y acontecimientos sin cuerpo, y lo transmutas en realidad sin cuerpo, en muerte sin permanencia, en negrura con incrustaciones de sol. Tu boca es alquímica, Eduardo, pero se ahoga en su propio cielo: su éxito es tu erosión.

Eres tu boca, Eduardo.

Tu boca es tu sexo, Eduardo: puja, inflamada de sangre; eyacula saliva.

Dices solo lo que tu boca quiere. No tienes autoridad sobre tu boca.

Tu boca se burla de ti. Da igual que la castigues, que la desnudes. Aun desnuda, tu boca te engaña. Despedázala, y seguirá riéndose.

No existe el derecho humano de vivir en Cataluña.
SILVIA ORRIOLS I SERRA, alcaldesa de Ripoll (Girona)

A veces otra boca se posa en ella. Entonces todavía te encadena más. (Para eso has perseverado; su consecución, sin embargo, supone tu peor derrota).

A veces le hablas a una grieta, y la ofendes con el ápice de la lengua, y tanteas, somero, en la oquedad, y hallas que no hay oquedad, sino una sucesión de tegumentos cítricos, una tibieza elástica, que te urge a la ocupación. Y lo haces: avanzas como una raíz que penetrase en un sarcófago, tanteando en la penumbra, dialogando con los óvulos y el moco; luego te acomodas en la cavidad tuberosa como un huésped sin origen en una casa deshabitada.

A veces tu boca es otra boca: la redención es el tacto.

Pero sigues diciendo lo que, aupándote, te derriba; lo que brilla con fulgor de cosa, pero te conduce a la inmaterialidad. Y obedeces a la ausencia.

[El procès] es lo más grave desde 1978. Más grave que Tejero y Milans con los tanques.
      CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO Y PERALTA-RAMOS, 
                                        decimoquinta marquesa de Casa Fuerte

¿Por qué dices que te gustan las palabras, si es a otro a quien le gustan?

¿Por qué lees, Eduardo, si otro te ha leído y ha inscrito en tu piel los zarpazos de su insuficiencia? ¿Por qué, si su lectura ha sido una demostración de su desafecto?

¿Por qué afirmas que quieres a quien te ha empequeñecido?

¿Por qué hablas, Eduardo, si careces de boca, y la boca que te asfixia es otro residuo de tu inexistencia, y lo que dices no sale de tu boca, sino de la suya, de una fisura en el tiempo, de una tumba con labios, de un infierno enarboladamente empedrado?

¿Y por qué Eduardo? ¿Por qué esta vigilancia sin otra recompensa que la insania, por qué este tesoro de estiércol, esta aliteración sajona, este diptongo creciente, si el nombre es infundado, si el yo no te asiste, si solo te incumbe la coerción?

¿Por qué esta enumeración?

Irene Montero tiene la boca llena de llagas de chupársela al coletas.
JOSÉ MARÍA SÁIZ LOZANO, alcalde de Villar de Cañas (Cuenca)

Dices, y no llegas a ningún lugar.

Dices, y se te incendian las uñas, como las escamas de un saurio.

Dices, y la boca se hincha, cuajada de hielo.

Dices, Eduardo, silencio, boca, hielo, Eduardo.

Dices escritura.

Oyes.

¿Eres tú, eres el que dice?

¿Es tuya esa boca aterrada, que cava en el aire como si en su interior hubiera fiebre, como si contuviese insomnio? (...)




Eduardo Moga, Dices, 72 pp.
Colección Mayor, 28
ISBN: 979-13-991604-8-2
15 euros
https://lospapelesdebrighton.com/2026/03/07/eduardo-moga-dices/

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