miércoles, 21 de enero de 2026

La sexualidad omnipresente

La señal sexual gira sin cesar, como el radar de un barco
WOODY ALLEN 

El perfil sinuoso de una joven que se levanta del asiento del metro, se estira la ropa y se echa el pelo para atrás. El ombligo que deja de pronto al descubierto una camiseta que se desordena. Un calvo cuya cabeza parece un pene. El bulto entre las piernas de un hombre que mira el móvil. El bulto entre las piernas de una mujer que lee un libro. Madeleine Stowe. Unos muslos que brillan. Un pezón, o dos pezones, que se clavan en la ropa. Una modelo de lencería en un anuncio callejero. El movimiento de una mano que recuerda a una caricia. Una lengua que chupa un helado o una cucharita. Monica Bellucci. Un canalillo que parece un paso de montaña. Un cuello de garza. Los testículos impresos en un tejano muy apretado. Nalgas como manzanas, de redondez lunar. Una mujer que acerca la cara a la de un hombre, o al revés, para señalarle algo en un mapa, en un documento, en un folleto. Otra que se aparta el pelo que le cae por la cara al ir a beber de una fuente. Anita Ekberg. Las bragas blancas entrevistas de una adolescente sentada en el suelo. Una camiseta de cuello muy ancho, uno de cuyos lados se ha deslizado por el hombro y deja ver una cinta negra del sujetador. El taconeo de unos zapatos de aguja en un pasillo o una calle solitaria. El inicio de un tatuaje o un remolino de pelo en una camisa entreabierta. Una camisa entreabierta. Unas uñas almendradas, pintadas de rojo. Unos ojos almendrados, pintados de negro. La sonrisa sin razón aparente que una mujer o un hombre esbozan al pasar. Una voz vibrante y delicada, que habla de algo sin importancia. Un remolino de aire que levanta una falda holgada y el gesto urgente de quien la lleva por aplacar el revuelo. Una mandíbula bien perfilada, lista para la dentallada o la succión. Dos que se besan en un banco como si quisieran sorberse las entrañas. Un vestido vaporoso. Las gotitas de sudor que perlan una frente, un cuello, un antebrazo. Unos hombros luminosos, semejantes a espejos. La línea del falo o la vulva que se reconoce en unos pantalones que pasan. Unos pies enfundados en unos zapatos de tacón, pero apenas sujetos por un par de cintas muy finas. Alguien maduro, de carnes maduras y deliciosas. Una melena rubia, que ilumina la piel oscura y enciende la ropa negra. Un negro muy alto, muy fuerte. El nudo o la raya del sexo que casi desborda el bañador. Alguien que se desnuda, o desnudo ya, entrevisto en el otro vestuario. Los mechones, desordenados por el viento, que le caen a alguien en la frente, o los descuidados del pelo recogido, que le puntean los hombros. Unos pendientes que cuelgan como gotas de semen. Un vestido palabra de honor. Un tatuaje circular al final de la espalda en el que se lee un verso de sor Juana Inés de la Cruz: "Óyeme con los ojos". Una frase dicha con suavidad por una boca inteligente. Un lunar junto a los labios, o en el cuello, o donde empieza un pecho. Un plátano. Una bellota. Un higo. Un melón. El David de Miguel Ángel. Una media melena que menea el viento. Una melena entera que cae, ondulando, sobre los hombros. Una espalda desnuda como una bandeja de plata. Una blusa transparente. Antes, las cintas o los bordes de las copas de los sujetadores, que asomaban apenas de la ropa (pero ya no: ahora todos asoman de la ropa). Una braga o un slip que se recorta contra los pantalones. La cinta superior de una braga o un slip que sobresale de los pantalones. El cinturón de seguridad de un coche encajado entre los pechos. Una risa alborotada. Una mano que se apoya con delicadeza en un hombro. Unas piernas que salen de un coche. Unas piernas en mallas. Un torso en mallas. Un escote como una pantalla de cine. Christina Hendricks. El triángulo adivinado de un pubis. Una piel como recién nacida. Unos labios carnosos sin maquillaje. Unos labios finos con maquillaje. La isla de la areola, o el archipiélago de las areolas, en el mar del pecho. Idris Elba. El pináculo de una iglesia parecido a un glande. Una cola de caballo que oscila al ritmo acompasado de su dueña. Unas caderas que oscilan al ritmo enérgico de su dueña (o dueño). Un sujetador demasiado pequeño para los pechos, que los duplica. El origen del mundo. Una mujer que orina como una ternera. Una mujer que orina con un chorro delicado, sentada en la taza, con las braguitas por debajo de las rodillas. La escena de Secretos de familia en la que el personaje del vicario, interpretado por Rowan Atkinson, contempla cómo su mujer se lava los dientes. Unos abductores bien marcados. Una que espera, apoyada en una pared, y se separa despreocupadamente la tela del pantalón de la entrepierna. Un rostro sonriente a tu lado, visto en el espejo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario