jueves, 30 de abril de 2026

El barco ebrio y otros poemas, de Rimbaud

La Universidad de Extremadura acaba de publicar El barco ebrio y otros poemas, de Arthur Rimbaud, en su colección Textos UEx, que dirige el poeta y profesor Mario Martín Gijón. Se trata de la reedición de la traducción que publiqué en la colección de poesía de DVD Ediciones en 2007, bajo el título Obra poética completa, de Rimbaud. En ella, el poeta y crítico Miguel Casado y yo nos repartíamos la traducción de toda la producción del escritor francés: a mi cargo quedaron, precisamente, “El barco ebrio” y una treintena de poemas de juventud de Rimbaud, aunque decir esto es una tautología, porque todos los poemas de Rimbaud fueron escritos cuando era joven (“El barco ebrio”, a los diecisiete años, en 1871, en su casa familiar de Charleville, de la que siempre escapaba y a la que siempre acababa volviendo, hasta que se fue a África). Mío era también el epílogo de aquel volumen. El libro que hoy ve la luz en la Universidad de Extremadura incorpora esa traducción, ahora actualizada; un estudio introductorio escrito ex profeso para esta edición, con un amplio apartado bibliográfico; el epílogo de la edición de DVD; y, en la contrasolapa, la semblanza crítica que escribiera Sergio Gaspar, el editor de DVD y buen amigo, para su edición del libro. Les agradezco mucho a la UEx y a Mario Martín Gijón la confianza que han depositado en mi trabajo, la oportunidad que le brindan de tener una segunda vida y, en último lugar, pero no por ello menos importante, la posibilidad que me dan de volver a Extremadura, una tierra en la que, pese a las dificultades por las que atravesé allí, siento muy cerca de mi corazón. Desde que dimitiera como director de la Editora Regional de Extremadura y coordinador del Plan de Fomento de la Lectura de la región, no había estado presente en la vida cultural de la comunidad, y celebro que esta resurrección de mi Rimbaud me devuelva, siquiera modestamente, a un lugar que estimo en lo personal y que valoro en lo intelectual.

Esto escribo en el prólogo:

Traducir a Arthur Rimbaud no es moco de pavo. En realidad, no lo es traducir a ningún poeta, si es verdadero. En el caso del francés, las dificultades se acentúan no solo por las referencias a realidades sociales y culturales ya considerablemente alejadas en el tiempo, sino también por el carácter visionario —y hasta cabría decir que alucinatorio— de muchas de sus composiciones, una condición propiciada por el consumo de alcohol y diversas sustancias lisérgicas, y por el entendimiento mágico —o esotérico— de la realidad que tenía, o pretendía, el poeta. Rimbaud gustaba, además, de inventar neologismos. Como tantos otros poetas que han empujado más allá los límites del lenguaje, intentando con ello empujar asimismo los límites del mundo, las palabras comunes no le bastaban para fundamentar su aventura: tenía que crear otras nuevas que se adecuaran mejor a los vaivenes de su psique, a las exigencias de su expresión. Pero en la propia dificultad del lenguaje y la cosmovisión rimbaldianos se encuentra la llave de una mejor traducción, como también sucede, y sigue sucediendo, con sus herederos surrealistas: las imágenes irracionales no necesitan de interpretación en el momento de verterse a otro idioma. Su propia irracionalidad determina derechamente las opciones del traductor. Cuando Rimbaud escribe, en “El barco ebrio”, «à travers mes liens frêles/ Des noyés descendaient dormir, à reculons!», por ejemplo, no es menester escudriñar las palabras para discernir si contienen o significan algo más de lo que dicen. Basta, a mi juicio, con traducir «por mis frágiles amarras/ bajaban, a reculones, los ahogados a dormir» (aunque quizá «amarras» podría ser «ataduras», pero utilicé «amarras» porque la acción sucedía en un barco que navegaba; «ataduras» es inespecífico, demasiado general). Una vez el verso haya adquirido su nueva forma en el idioma de destino, será el momento de hacer todas las elucubraciones que se estimen necesarias para desentrañar sus connotaciones y su sentido. Así pues, la literalidad viene a ser el mejor ayudante del traductor, aunque, naturalmente, esa literalidad léxica deba compatibilizarse con otra, rítmica, con la que no siempre coincide. La lógica romance compartida por ambos idiomas, francés y español, que garantiza una sintaxis cercana y un vocabulario no muy disímil, ayuda a la fijación de la versión idónea. Que siempre será otra poesía, claro, como sucede con toda poesía traducida. Pero si eso era el yo de Rimbaud, un autre, no resultará inadecuado —ni a él le parecería mal, quiero pensar, cuando todavía le importaban estas cosas de la poesía— que también lo sean sus versos en castellano. 

Y esto escribe Rimbaud y yo traduzco:

AU CABARET VERT
CINQ HEURES DU SOIR

Depuis huit jours, j’avais déchiré mes bottines
Aux cailloux des chemins. J’entrais à Charleroi.
– Au Cabaret-Vert: je demandai des tartines
De beurre et du jambon qui fût à moitié froid.

Bienheureux, j’allongeai les jambes sous la table
Verte: je contemplai les sujets très naïfs
De la tapisserie. – Et ce fut adorable,
Quand la fille aux tétons énormes, aux yeux vifs,

– Celle-là, ce n’est pas un baiser qui l’épeure! –
Rieuse, m’apporta des tartines de beurre,
Du jambon tiède, dans un plat colorié,

Du jambon rose et blanc parfumé d’une gousse
D’ail, – et m’emplit la chope immense, avec sa mousse
Que dorait un rayon de soleil arriéré.


Octobre 1870

EN LA TABERNA VERDE
A LAS CINCO DE LA TARDE

Con los botines rotos, tras ocho días
de caminos pedregosos, llegué a Charleroi
y, en la Taberna Verde, pedí unas rebanadas
de manteca y jamón que estuviese templado.

Satisfecho, estiré las piernas por debajo de la mesa
verde, mientras examinaba los motivos naífs
de la tapicería. Y fue delicioso
que la camarera, de tetas enormes y ojos como brasas

–y a la que seguro no asustaba un beso–,
me trajera, riendo, en una fuente de colores,
las rebanadas de manteca y jamón tibio

–un jamón rosado y blanco, perfumado con un diente
de ajo–, y me llenara la jarra inmensa de una espuma
que doraba un rayo de sol tardío.

Octubre del 70

LA MALINE

Dans la salle à manger brune, que parfumait
Une odeur de vernis et de fruits, à mon aise
Je ramassais un plat de je ne sais quel met
Belge, et je m’épatais dans mon immense chaise.

En mangeant, j’écoutais l’horloge, – heureux et coi.
La cuisine s’ouvrit avec une bouffée,
– Et la servante vint, je ne sais pas pourquoi,
Fichu moitié défait, malinement coiffée

Et, tout en promenant son petit doigt tremblant
Sur sa joue, un velours de pêche rose et blanc,
En faisant, de sa lèvre enfantine, une moue,

Elle arrangeait les plats, près de moi, pour m’aiser;
– Puis, comme ça, – bien sûr, pour avoir un baiser, –
Tout bas: «Sens donc, j’ai pris une froid sur la joue…».

Charleroi, octobre [18]70


LA PICARONA

En el comedor fosco, perfumado
por un olor a barniz y fruta, me hice,
a mi sazón, con un plato de no sé qué guisote
belga, y me despatarré en un asiento inmenso.

Mientras comía, callado y contento, escuchaba el reloj.
Se abrió la cocina, como una bocanada,
y se acercó la sirvienta, no sé por qué,
con la pañoleta entreabierta y un peinado travieso.

Y mientras paseaba el meñique, tembloroso,
por la mejilla –terciopelo de melocotón
rosado y blanco– y hacía, infantil, un puchero,

me arreglaba los platos, para que estuviese cómodo;
y luego, distraída –sin duda para que le diera un beso–,
me dijo, muy bajito: «Toca, toca: he cogío frío en la mejilla…».

Charleroi, octubre de [18]70
                                                   

Autor: Arthur Rimbaud
Edición, traducción y notas: Eduardo Moga
Colección: Textos UEx
Número en la colección: 23
Materia: Poesía
Idioma: Castellano
EAN: 9788491273530
ISBN: 978-84-9127-353-0
Páginas: 150
Ancho: 13 cm
Alto: 20 cm
Edición: 1
Fecha publicación: 17-04-2026

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