viernes, 30 de octubre de 2026

Alguien que acaba de asistir al amanecer

Dice verdad quien dice sombra.
PAUL CELAN

Alguien que acaba de asistir al amanecer
cruza la verja
y se sienta entre los árboles.
Lo rodean llamas negras,
llamas quietas.
                            Unas brotan del suelo, aguijadas
por la humedad y el hierro;
otras brillan, acorazadas de ángulos,
difusas,
               en el ápice de los troncos.
Las llamas se deshacen como dedos,
acarician el vientre gris de una nada
                                                                   ataviada de temblor.
Él saca un cuaderno azul de la cartera de cuero
con la que siempre viaja
y observa la lentitud lineal de las ventanas,
la confusión de postigos, fallebas y cristales
que despierta, no obstante, un sosiego solar.
Lo negro encierra transparencia, rebabas de cuarzo,
viento coagulado,
                                 oro inmaterial, aunque próximo al latido.
Está solo en el jardín, pero no tiene miedo:
el silencio, tibio, lo arropa.
Una figura incorpórea clava su quietud
en la redondez de los ojos,
                                                en la anchura de la piel.
La piedra susurra; también muerde.
La blancura se vuelve más blanca, pero menos clara: el desgarrón
restaura lo que no estaba roto,
revive
            la claridad de la tiniebla.
Hierve el mundo, rectangular. Su simetría se despareja
en una marejada de resplandores ajados.
Pero la luz, pese al vacío, impera.
Y él abre el cuaderno, se lleva el lápiz a los labios,
piensa un momento
y dice sombra.


[Este poema, del poemario inédito Ceniza que aún es fuego, formó parte de la exposición «Imagen y palabra. Confluencias en París», de David Pujadó, en colaboración con Montse Ordóñez, inaugurada en el Instituto Cervantes de Belgrado el 8 de febrero de 2025, y que se mantuvo abierta al público hasta el 18 de abril de ese mismo año]. 

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