El nacionalismo es un refugio (y, a menudo, un búnker), es decir, una forma de cobardía. Los patriotas más feroces son los menos capaces de transigir, los menos dados a la ambigüedad y la polisemia, los más reacios a la fecunda incertidumbre de ser.
El patio patrio: donde intercambia chismes y verdulerías la comunidad.
Pa trío, el que tienen montado los neofascistas, los conservadores y España.
Los radicales de derecha no son, ni pueden ser, demócratas. O solo lo son en la medida en que la democracia respete instancias anteriores y superiores a ella: la patria, Dios, la familia y la propiedad privada. En cuanto sientan que la voluntad popular pone en peligro cualquiera de estas certidumbres, condescenderán —o contribuirán activamente— a su supresión.
Una caterva de trogloditas, cubiertos con la piel de oso de la bandera de España, y empuñando el saludo fascista a modo de quijada de asno, ha salido a la calle a defender la democracia.
El fascismo es como las lampreas: es muy antiguo, tiene una boca llena de dientes, se alimenta de sangre y no evoluciona. Aunque sí se camufla: hoy, en el populismo de derechas, o la derecha alternativa, o el trumpismo: fascismo de baja intensidad, fascismo light, neofascismo, pero todavía muy capaz de fijarse, como una ventosa, en el cuerpo que desea sangrar, atravesarlo con el émbolo de la lengua y alimentarse de él.
Vox debería llamarse Box.
La masa es fascista.
La única masa buena es la del pan.
Los gargarismos del gregarismo, balidos baldíos.
Arengar a la masa con razones es como instar al león a que no se coma el ñu que acaba de cazar.
Los neofascistas practican el onanismo patriótico. Pero este no es tan aconsejable como el onanismo sin adjetivos, el de toda la vida, el de zambomba y alegría, que casi todos hemos cultivado con entusiasmo. Ellos se han quedado ciegos. La patria, como nos advertían los curas de nuestra infancia, tan preocupados por nuestro bienestar, ciega (y reblandece el seso).
El demócrata de boquilla fuma tabaco sin emboquillar, le parte la boca a quien no piensa como él y, cuando se manifiesta, arranca las bocas de riego de las calles.
Aunque la ondeen bien alto, la bilis de los insultos que escupen los facciosos ensucia la bandera que enarbolan.
La enseña nacional no es solo un símbolo, sino también un arma: el asta es idónea para romper cabezas.
Apatría: 1. Impasibilidad del ánimo ante las solicitaciones patrióticas. 2. Dejadez, indolencia, falta de vigor o energía en la defensa de la patria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario